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La Torre de Hércules es una torre y un faro situados en una colina que domina la ciudad de A Coruña en Galicia (España). Tiene 55 metros de altura y fue construida en el siglo I d.C. Tiene la distinción de ser el faro operativo más antiguo del mundo y el único faro romano.

Tras el Faro de Chipiona y el de Maspalomas, es el tercer faro más alto de España. El 27 de junio de 2009, la Unesco lo designó Patrimonio de la Humanidad. Hasta el siglo XX era conocido como Faro de Brigantia, o Farum Brigantium en latín.

Torre de Hércules

Torre de Hércukes en A.Coruña. Foto por Jose Luis Cernadas Iglesias. Flickr

No te puedes perder la visita interior de la Torre de Hércules, visitando primero su centro de interpretación para conocer la historia desde sus remotos orígenes hasta la actualidad. Y por supuesto subir su escalera hasta llegar a lo mas alto, el esfuerzo merece la pena, podrás disfrutar de las vistas y obtener una espectacular perspectiva de la ciudad.

Qué ver en la Torre de Hércules

Estructura

Esta estructura única tiene una planta cuadrangular de unos 11,75 metros de lado y una altura total de 55 metros, de los cuales 34,38 metros corresponden a la estructura romana original y 21 metros a la renovación de 1789 para mejorar el sistema de señales marítimas. En la actualidad, la Torre de Hércules se levanta sobre una plataforma poligonal de 32,40 m de ancho que sirve de base y que fue construida a finales del siglo XIX.

Torre de Hércules.A Coruña
Torre de Hércules. Foto por @lmallo a través de Twenty20

El monumento tiene una estructura prismática en el exterior, con una aguja octogonal y refuerzos triangulares en las esquinas que suavizan el inicio de la base cuadrada. Le sigue otro cuerpo de torre de menor altura que sirve de base a la linterna, que alberga la potente lámpara que ilumina a los valientes marineros.

Fachada exterior

Las cuatro fachadas exteriores tienen un diseño relativamente sencillo, con una construcción uniforme que se duplica en los cuatro frentes, con pequeñas diferencias en la disposición de los huecos. El uso de molduras básicas en la base y las esquinas de los cuatro frentes del cuerpo prismático demuestra la simplicidad del lenguaje arquitectónico.

Las ventanas y los guardapolvos están escalonados en los distintos lados, utilizando parte de los huecos originales del núcleo interior, simétricos, aunque para ello fuera necesario alternar entre huecos abiertos y ciegos o falsos.

El parteluz helicoidal que recorre las fachadas exteriores desde la base hasta la parte superior del cuerpo prismático es uno de los rasgos más distintivos del faro, recordando la rampa ascendente que servía de acceso a la Torre de Hércules en tiempos de los romanos y cuyos vestigios aún eran visibles en los muros del edificio cuando comenzó la restauración proyectada por el ingeniero militar Eustaquio Giannini en 1789. La colocación de las ventanas está determinada por la cornisa, que tendrá cinco pares en las fachadas este y oeste y cuatro en las fachadas norte y sur.

Dentro de estas cuatro fachadas del siglo XVIII se encuentran las ruinas del faro romano. Lo más probable es que esta estructura fuera diseñada por Caio Sevio Lupo, un arquitecto lusitano que dejó una inscripción conmemorativa al pie de la torre, que afortunadamente aún se conserva, protegida por un pequeño edificio construido a finales del siglo XIX en la plataforma que sirve de base al monumento.

La estructura, que se levanta sobre la plataforma que sirve de base al monumento, fue construida a finales del siglo XIX. Es realmente llamativo que no conozcamos el nombre de este arquitecto, ya que debió tener una relación directa con el propio monumento, porque en un grabado de la Torre de Hércules de finales del siglo XVII, y conservado en el archivo de la Catedral de Santiago, aparecen el faro y la inscripción en su base, lo que implica que ambos testimonios formaban parte de la misma realidad para la gente de la época.

Interior

Subsuelo

En el marco de un proyecto de reparación y restauración de la torre y su entorno, el Ministerio de Obras Públicas contrató a un equipo dirigido por Pablo Latorre para trabajar en el proyecto. . El objetivo de este proyecto era restaurar el faro a tiempo para la celebración del segundo aniversario de la reconstrucción y reapertura al público de Eustaquio Giannini. A pesar de que los cimientos de la torre no habían sido excavados hasta entonces, Luis Monteagudo, director del Museo Arqueológico e Histórico de A Coruña, y Theodor Hauschild, arquitecto y director del Instituto Arqueológico Alemán de Lisboa, habían hecho esta petición porque era la única manera de documentar la estructura del faro en la época romana.

Finalmente, en 1991, una serie de acontecimientos conspiraron para permitir la excavación bajo la plataforma de piedra de la torre. La restauración de la torre comenzó en junio de 1992, bajo la dirección de los arqueólogos Luis Caballero Zoreda y José M. Bello Diéguez, con el apoyo del Museo Arqueológico del Castillo de San Antón.

Desde el principio, el subsuelo presentaba numerosas capas, lo que obligó a ampliar la zona de excavación. Esto supuso pasar de los sondeos iniciales a una excavación en superficie. Se conservó a propósito un sector en el que no intervenimos, para poder hacerlo en el futuro, cuando los medios técnicos estén más avanzados que ahora. Al llegar a los niveles romanos del frente principal del monumento, se agotaron los fondos y no se pudieron completar las excavaciones arqueológicas.

Cámaras

La Torre de Hércules conserva el núcleo interno del faro romano, que presenta la particularidad de estar organizado en tres niveles con cuatro cámaras por planta. Esta distribución tan característica parece no ser exclusiva del faro herculino porque en otros ejemplos similares, como en el desaparecido faro de Leptis Magna (Libia-África), parece haber existido una distribución similar de los espacios interiores.

Las conexiones entre las cámaras de las tres plantas se crearon inicialmente en sentido transversal este-oeste, siempre de dos en dos, para evitar la conexión de las cuatro salas de una misma planta, evitando la propagación de un hipotético incendio y aumentando la resistencia en caso de ataque. Cada una de estas cámaras era accesible desde el exterior a través de las puertas situadas en la rampa helicoidal ascendente que rodeaba el núcleo de la torre y daba acceso a la parte superior de la misma. Se cree que esta rampa se utilizaba para transportar el combustible de la hoguera que se encendía, para guiar las naves. También se sabe que el faro de Forum Julii o Frejus utilizaba una rampa exterior.

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La escalera

Tras la desintegración del Imperio Romano, el comercio marítimo decayó notablemente, y la utilidad de la torre como señal marítima disminuyó hasta quedar reducida a una torre de vigilancia o mirador privilegiado desde el que se dominaba el Golfo Ártabro. Las enormes embarcaciones que antes surcaban las playas de Gallaecia camino de Britania desaparecieron, y con ellas se desvaneció la luz del faro, que ya no iluminaba el perfil de los acantilados al noroeste de la península.

El faro se deterioró drásticamente durante esta época de descuido y abandono, eliminando la rampa exterior que rodeaba el núcleo central y daba acceso a la linterna, así como las cuatro fachadas exteriores que lo defendían. Los vientos, el salitre y las lluvias que azotaban esta zona durante las tormentas invernales debieron debilitar los morteros de las murallas, pero la acción del hombre también fue decisiva, ya que la torre se convirtió en la cantera de la ciudad durante esta época, y sus sillares fueron extraídos uno a uno por los vecinos para reutilizarlos en la construcción de los nuevos edificios que se estaban levantando en la época.

A principios del siglo XIV, quedaba muy poco de la rampa helicoidal que recorría el exterior de la Torre de Hércules. Esto significaba que la única forma de subir a las partes superiores de la estructura y a las diferentes salas que se encontraban a su altura había desaparecido.

Cuando la torre fue reutilizada como faro marítimo, fue necesario construir un sistema de acceso al nivel superior para que el faro pudiera funcionar. Se eligió como solución la escalera interior que conectaba la mitad inferior de la torre con la linterna, a pesar de que suponía romper algunas bóvedas de la factura romana.

Linterna

Linterna de la Torre de Hércules
Linterna Torre de Hércules. Foto por Mancor66. Wukimedia. Commons

El sistema de iluminación empleado tras la restauración del faro seguía siendo muy criticado, por lo que el Consulado resolvió mejorarlo, enviando al capitán de navío José de Mendoza a Londres para que investigara la viabilidad de erigir un reflector parabólico giratorio. El nuevo sistema se instaló en toda la ciudad a finales de 1799. Debido al enorme gasto, la embajada se vio obligada a publicar una petición pública para financiar una parte de la factura.

Para poder instalar el nuevo sistema de iluminación marítima fue necesario realizar algunos cambios en la parte superior de la torre. El ingeniero jefe del Reino, Miguel de Hermosilla, encargó a Eustaquio Giannini las modificaciones necesarias en la cúpula de la torre. Se desmontó la cúpula y se instaló en ella la base para una linterna de 3,20 m de diámetro.

Se tapiaron los amplios ventanales de la linterna y se creó una escalera de caracol interior que va a la lámpara, así como una escalera de caracol exterior que lleva al balcón superior, oculta bajo un cilindro con un remate en forma de cono truncado que da a la torre su forma distintiva y que se utilizó para fijar el pararrayos.

El diseño de este huso también trató de incorporarlo a la estética general del faro, por lo que se seleccionó piedra de calidad y color similares y se adornó, sobre todo en el exterior, con una banda helicoidal que se hace claramente eco de la que recorre el cuerpo principal del propio faro.

Desde que la Unesco designó la Torre de Hércules como Patrimonio de la Humanidad en 2009, se recomienda que los visitantes visiten primero el fascinante Centro de Interpretación y Atención al Visitante (CIAV), donde conocerás su historia desde el origen hasta nuestros días.

El entorno

Entorno la Torre de Hércules.A Coruña
Entorno de la Torre de Hércules. Foto por @denkavul a través de Twenty20.

Dicen que esta zona restaurada tiene mucho valor paisajístico, porque es un largo tramo de costa lleno de belleza natural. Está formado por muchas calas y afloramientos rocosos donde las olas del Atlántico rompen con gran fuerza.

Desde este excelente mirador se puede ver todo el Golfo de Ártabro, que se extiende desde el Cabo de San Adrián hasta el Cabo Prior, abarcando las Islas Sisargas, las islas de O Portiño, A Marola y As Gabeiras, así como las entradas a las rías de Burgo, Betanzos y Ferrol. El parque que rodea la Torre de Hércules, sirve de observatorio desde el que se pueden ver con frecuencia especies de aves como cormoranes, gaviotas, arcas y araos que tienen sus nidos en los acantilados vecinos.

Los visitantes pueden disfrutar de un entorno natural con vegetación autóctona de indiscutible importancia ecológica gracias a las numerosas rutas que transitan por la zona.

Historia de la Torre de Hércules

La Torre de Hércules es el único faro romano que ha mantenido su propósito original de actuar como señal marítima e instrumento de navegación para los barcos que han viajado y siguen cruzando el corredor atlántico desde su construcción.

Lo más probable es que fuera construido por el Imperio Romano en la segunda parte del siglo I d.C., en el finis terrae del mundo conocido, para seguir a los barcos que navegaban por el extremo más occidental del Imperio.

Está situado en Galicia, en la provincia de A Coruña, y en la ciudad de A Coruña, en el noroeste de la Península Ibérica.

El lugar elegido fue Punta Eiras, un acantilado de casi 57 metros de altura situado entre Punta Herminia y Punta del Orzán que domina el extremo norte de la península, incluyendo el asentamiento de A Coruña.

Los romanos eligieron para la torre un emplazamiento que en su día fue un lugar de culto o un santuario celta. Era práctica común entre los celtas consagrar promontorios costeros a deidades afines como Hércules. En cuanto a A Coruña, es una coincidencia que las tres rocas de Punta Eiras se llamen Buey, Vaca y Becerro. Los mismos nombres se utilizan en el santuario irlandés de Kenmare, donde se dice que está la Isla de Donn. Así pues, el territorio que rodea a la Torre de Hércules, fue el lugar de un santuario prerromano vinculado a la creencia en la vida después de la muerte, que sustentaría la pureza de la zona.

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Cuando se construyó la Torre de Hércules, estaba muy lejos de la ciudad romana de Brigantium, de la que surgió A Coruña, pero con el paso del tiempo, la distancia se redujo hasta desaparecer por completo, y la torre está ahora integrada en la propia ciudad, pero dentro de un gran parque urbano que abarca 50 hectáreas de terreno no urbanizable, que es una zona rural bajo protección especial y dedicada como espacio verde.

Edad antigua

Ruinas romanas de la Torre de Hércules
Ruinas romanas de la Torre de Hércules. Foto por D.Rovchak. Wikimedia.Commons.

Los vínculos económicos de Hispania con el noroeste de la Península Ibérica se hicieron cada vez más intensos a partir del siglo II a.C. El viaje de Décimo Junio Bruto, que invadió Galicia desde el sur a través de Portugal, es una prueba inequívoca de esta temprana interacción.

Según Dion Casio, el propio Julio César, que se encontraba en Cádiz en ese momento, realizó una expedición a Brigantium (la actual A Coruña) en el año 61 a.C. para establecer lazos comerciales que podrían haber dado lugar al establecimiento de un asentamiento colonial menor de importancia estratégica en las fronteras del Imperio.

Durante las Guerras Cántabras (29-19 a.C.), Brigantium parece haberse convertido en un importante puerto de retaguardia, ayudando a la dispersión de hombres y suministros para el conflicto. A continuación, durante la paz de Augusto, se produjo una importante expansión de las relaciones comerciales, como se aprecia en el desarrollo de la red viaria y en el aumento del comercio marítimo, favoreciendo un profundo proceso de romanización.

En este contexto, el noroeste de la Península Ibérica se convirtió en una zona importante para la conquista de Britania, y el puerto de Brigantium se convirtió en uno de los principales lugares de llegada de la Vía XX, también conocida como la auténtica per loca marítima, donde las legiones romanas buscaban refugio en su ruta de conquista de Britania.

Este interés militar justificó la construcción de un gran faro en la desembocadura del Golfo Ártabro, porque los barcos navegaban paralelos a la costa, a pocas millas de ésta, siguiendo la per loca marítima desde Gibraltar hasta Fisterra, pero una vez llegados a Brigantium, debían girar la proa de sus barcos hacia el Canal de la Mancha y los territorios del norte, adentrándose en un mar abierto y muy agitado en el que perdían de vista la costa hasta llegar a Frígido.

El faro seguía siendo muy esencial en el siglo V d.C. El cronista Paullus Orosius, alumno de San Agustín, informó en su obra Cosmografía que “la segunda esquina de Hispania está orientada al norte, donde la ciudad gallega de Brigantia erige su altísimo faro para la observación [del mar] de Britania”.

Edad media

Los faros iniciaron un largo proceso de abandono, daños y decadencia en la Alta Edad Media. Con la caída del Imperio Romano y sus redes comerciales, se produjo la caída de las grandes rutas marítimas, dando paso a una oleada de navegación costera de bajo tonelaje en zonas interiores como las rías gallegas.

Aunque el faro no iluminara el horizonte en aquella época, su mera presencia en la península en la que se encuentra servía de imponente faro durante todo el día, orientando a los barcos que entraban en el puerto de A Coruña por el lado del viento. Su importancia debió de ser tal que topónimos como “Farum Brecantium”, “Farum Pregantium” y simplemente “Faro” surgieron muy pronto asociados a las ruinas del faro. Además, a partir del siglo IX o X, la antigua ciudad de Brigantium pasó a llamarse Faro, lo que demuestra su perdurable protagonismo.

El faro se menciona en numerosas ocasiones durante la invasión normanda. La crónica del rey Alfonso III, por ejemplo, recuerda un combate en el año 846 cerca de Farum Brecantium en el que los guerreros asturianos derrotaron a las fuerzas normandas. Otros indicios de esta naturaleza se conservan en relatos posteriores.

El centro de Brigantium estuvo a punto de desaparecer como consecuencia de las amenazas extranjeras y el colapso de la actividad portuaria y comercial, ya que la población se trasladó al Burgo del Faro, una aldea más segura en la desembocadura de la ría, en el actual municipio de Culleredo, que estaba protegida de probables ataques exteriores. Las ruinas del faro eran una torre de vigilancia con un marcado carácter militar y defensivo en la época.

Edad moderna

Los primeros intentos de restaurar el monumento se llevaron a cabo en el siglo XVI, lo que permitió utilizar las ruinas del faro romano a finales del siglo XVII tras su restauración.

A mediados del siglo XVI, los habitantes de A Coruña siguieron encontrando en la Torre de Hércules una fuente inagotable de piedra para construir nuevas estructuras en la ciudad. El ayuntamiento, como propietario del faro, intentó varias veces prohibir la extracción del material, pero con poco éxito. También impulsó una serie de mejoras en la estructura, como la compra de madera en 1537 y 1562 para construir una escalera interior que diera acceso por las cámaras a la linterna del faro, ya que la rampa exterior había desaparecido.

El tráfico marítimo aumentó considerablemente debido al comercio peninsular e internacional con Europa y América, y A Coruña se convirtió en un puerto atlántico estratégico por su situación privilegiada en la desembocadura de una amplia ría, protegida de los temporales del océano, pero con la dificultad añadida de un acceso estrecho que dificultaba mucho la entrada al puerto a los navegantes que no lo conocían.

Dadas estas circunstancias, es comprensible que cuando el municipio comenzó a realizar tímidas mejoras en la Torre de Hércules, pretendiera que el antiguo faro volviera a ser navegable, funcionando como faro, torre de vigilancia y señal marítima, retomando su anterior cometido. En realidad, el faro está representado en la cartografía de la época, y hay una mención a la torre en las cartas náuticas inglesas, un posible enemigo de España.

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Edad contemporánea

Siglo XVIII

A finales del siglo XVIII, A Coruña se había convertido en uno de los puertos más concurridos del norte de España, y la actividad marítima había adquirido una gran vitalidad. Además, la cercanía del Golfo de Ártabro a Ferrol, la principal base de la Armada española, lo convertía en un desvío ineludible para las flotas navales.

En 1785, el Ministerio de Marina decidió restaurar la Torre de Hércules como parte de una iniciativa más amplia para desarrollar y modernizar el puerto de A Coruña. La idea fue respaldada abiertamente por el Capitán General de Galicia, Pedro Martín Cermeo, la máxima autoridad del reino, que encargó al ingeniero militar Manuel de Navacerrada un informe completo sobre el estado de la torre en 1787.

En lugar de desmantelar el faro romano y construir uno nuevo, Navacerrada propuso mantener la estructura y adaptarla a las mejoras tecnológicas en el ámbito de la señalización marina en este ensayo. Esta elección era la más rentable, lo cual es una consideración importante, pero también permitía consolidar un emblema de la ciudad, por el que abogaba el erudito José Cornide Saavedra. El 4 de enero de 1788, el rey Carlos III dio su aprobación para la renovación de la torre, que sería costeada por el Consulado del Mar.

El ingeniero militar Eustaquio Giannini ideó el plan entre marzo y junio de 1788, con la imprescindible ayuda de José Cornide, que aportó su conocimiento en la Torre de Hércules para tratar con la mayor delicadeza posible los restos conservados y contribuir a su valoración.

Esta colaboración dio lugar a un ejemplo prototípico de restauración arquitectónica, en el que Giannini-Cornide reflexionó profundamente sobre las condiciones de intervención en un monumento romano. Gran parte de la investigación fue publicada en 1792 por José Cornide en “Investigaciones sobre la fundación y fábrica de la Torre llamada de Hércules”, una obra que todavía se considera un clásico en el campo de la investigación de los faros.

Siglo XIX

La bombilla de la Torre de Hércules se mejoró con el tiempo para aumentar la iluminación y permitir que los reflejos llegaran más lejos y apoyaran a los barcos. El sistema de reflectores original fue sustituido en 1847 por un mecanismo catadióptrico de tercer orden, lo que situó a la torre en la vanguardia de la iluminación náutica. Los alumnos de la Escuela de Fareros, que funcionaba en la torre entre 1850 y 1853 bajo la dirección de Agustín Antelo, piloto, mecánico y relojero, emplearon el nuevo sistema de iluminación. Las clases se impartían en las casas de los fareros situadas en las laderas de la colina sobre la que se levanta la torre durante este breve periodo.

En 1858, A Coruña se vistió de gala para recibir a la reina Isabel II, a la que acompañaron Francisco de Asís y el Príncipe de Asturias en una visita a la ciudad y al faro. El interior de la torre fue “embellecido” para este trascendental acontecimiento con papel impreso y telas que cubrían las piedras desnudas de las habitaciones; también se instalaron techos artificiales para ocultar las lisas bóvedas de cañón y los tabiques enrejados del primer piso.

La procesión real hacía paradas en su recorrido hacia la cima del faro, por lo que se alfombraron los suelos de piedra y se amueblaron algunos apartamentos. Según los relatos históricos, el efecto fue inesperado, ya que las cámaras del faro se convirtieron en habitaciones anodinas con gusto cortesano como resultado de estos ajustes.

El ingeniero encargado del faro tenía oficinas en el segundo piso, una pequeña habitación para los invitados importantes en el segundo piso que se conoció como la “Habitación de la Reina” tras la muerte del gobernante, y un almacén para los materiales de la lámpara de iluminación en el tercer piso.

Siglo XX

Torre de Hércules A Coruña
Torre de Hércules en A Coruña. Foto por Magnus Colossus. Wikimedia.Commons.

Se hicieron más cambios para adaptar el sistema de iluminación a los avances tecnológicos de las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX. Así, la lámpara Sautter fue sustituida por una nueva lámpara diseñada por Létourneau para que su luz fuera más potente y visible durante las noches oscuras de las tormentas del Atlántico.

Aparte de estos elementos técnicos, la Torre de Hércules pasó a ser conocida y admirada tras la restauración de Giannini, sobre todo entre un pueblo como el gallego, de fuerte tradición marinera y que ha tenido una estrecha relación con el mar embravecido que asalta sus costas y arrastra a sus marineros desde sus orígenes.

El faro, en este contexto, es la luz que indica el camino y conduce a puerto; es la imagen del retorno, del buen viaje, y así se convirtió en un símbolo, en un icono que pasó a formar parte de la memoria colectiva de nuestra sociedad, por lo que cuando los gallegos emigraron a finales del siglo XIX y principios del XX en busca de trabajo y mejores perspectivas, cruzando el Atlántico y extendiéndose por toda América Latina, trajeron consigo los faros. No hay una sola publicación periódica de 1890 a 1960 que no contenga un artículo sobre la Torre, expresando nostalgia y añoranza.

Interior de la Torre

Y por último no te puedes perder la visita interior de la Torre de Hércules, visitando primero su centro de interpretación para conocer la historia desde sus remotos orígenes hasta la actualidad. Subir su escalera hasta llegar a lo mas alto, el esfuerzo merece la pena, podrás disfrutar de las vistas y obtener una espectacular perspectiva de la ciudad.

Visita virtual a la Torre de Hércules

Horarios

  • De lunes a domingo
  • De octubre a mayo: de 10.00 a 18:00 (última visita a las 17:15h)
  • De junio a septiembre: de 10:00 a 21:00 (cierre de entrada a las 20:00h)

Precios

  • Tarifa general: 3 €
  • Tarifa reducida: 1,50€
  • Lunes: entrada libre.

Cómo llegar a la Torre de Hércules

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